Buenos días, buenas tardes, buenas noches. Otra vez estamos aquí con todos ustedes en el podcast Charlando y Conectando. Y hoy estoy muy contenta, tengo a una invitada que ahorita la van a ver, está muy guapa y además es una persona que tiene eh muchísimo conocimiento, el cual nos va a compartir el día de hoy. Ella es la doctora Natalia Ruiz de Otero y nos va a venir a platicar de algo que todos hacemos, pero sin darnos cuenta, repetir historias o a lo mejor nos va a enseñar a atrevernos a repararlas. Bienvenida, Natalia, qué gusto tenerte hoy aquí en Charlando y Conectando. Ay, Ros, al contrario, muchas gracias. Qué linda presentación. Gracias. [risas] Y a ver, platícame, Natalia, eres fundadora de un proyecto que se llama Grupos de Desarrollo de Conciencia y autora de este libro que se llama Repetir o reparar, de lo cual vamos a estar platicando el día de hoy. Eh, pero mira, ahorita estamos platicando como antes de empezar de de la adolescencia. Platícame qué es la adolescencia, cómo la ves y por qué empezamos a hablar un poquito de este tema tú y yo fuera del aire. Bueno, la verdad es que para empezar tengo que decir que soy una fe fan de la adolescencia. O sea, es una etapa de vida que me parece que es muy importante que comprendamos como eso, como una etapa increíble. Decíamos un poquito acá afuera que de pronto a la adolescencia se le ha hecho como muy mala prensa, como de pronto pensar que la adolescencia es algo terrible, es algo difícil, es algo que los papás necesitamos aprender a enfrentar. Y sucede que también los chavos están muy expuestos a toda esta información, a todos estos comentarios. Imagínate el efecto que puede estar causando en cualquier persona al estar escuchando que la etapa de vida que están viviendo es casi una tragedia, ¿no? O sea, que es dificilísima y complicada. Y entonces esa información que ellos van recibiendo y que de alguna manera difícilmente pueden acomodar. Y parte de lo que creo que es muy importante comprender como papás, como maestros, como psicoterapeutas, es que esta parte de la adolescencia es, vamos a decir, como la base en la cual se está edificando el adulto en el que se van a convertir nuestros adolescentes. Y por lo tanto, esa adolescencia de la cual hablamos, necesitamos comprenderla como una etapa vital de nuestra vida que va a empezar siempre por una etapa de la pubertad, ¿no? Entonces, la pubertad siempre se refiere, sobre todo, a toda esta explosión hormonal, a los cambios físicos, que más o menos va a durar entre dos y 3 años, pero la adolescencia comienza a la etapa, digamos, a la par de la pubertad. O sea, arrancan, pero arranca toda adolescencia con una pubertad. La pubertad va a terminar, pero la adolescencia va a seguir, porque la adolescencia no nada más se refiere a cambios físicos, se refiere sobre todo a cambios psicológicos que la persona va a sufrir. Y por lo tanto, necesitamos como adultos tener esa capacidad para acompañar a nuestros adolescentes en esta etapa tan importante porque están formando precisamente su identidad. O sea, de lo que se trata principalmente la adolescencia es poder contestar a dos preguntas fundamentales. ¿Quién soy y qué quiero de la vida? Y esas dos preguntas son preguntas que se van a estar de alguna manera haciendo nuestros adolescentes en esta búsqueda de su propia identidad. No es que los adolescentes no sepan quién son o que no haya como esta personalidad o identidad. La realidad es que son todo y a la vez no se definen por nada. No, están experimentando, están queriendo saber qué onda con ellos, pero un poquito como que la idea de este libro, Rosana, justamente no surge del pensamiento de que yo crea que la adolescencia es algo complicado, sino todo lo contrario. La adolescencia es una etapa increíble, pero además es una gran segunda oportunidad que los papás, maestros, psicoterapeutas, todos los que estamos alrededor de ellos, necesitamos aprender a aprovechar como esta oportunidad para reparar la relación con nuestros hijos. Hay tanto que hacer en la etapa de la adolescencia, tanto que escuchar, tanto que entender de lo que están pasando, tanto que reparar, tanto que resolver en nuestro vínculo con los adolescentes que vale muchísimo la pena como cambiar este concepto de de que es exactamente la adolescencia. A ver, me encanta cómo cómo lo estás platicando y entonces tenemos una gran responsabilidad, ¿no?, como personas cerca de adolescentes para poder entender este proceso eh en el cual estamos este a lo mejor inmersos todos, porque entonces de nosotros va a depender eh [resoplido] cómo ese adolescente vive esa etapa también. O sea, podemos nosotros cambiar de alguna manera o ayudar a que el adolescente eh pase esta etapa de cambios de manera distinta. Sí, porque además como que siempre lo que digo es que la bronca de la adolescencia no es tanto los adolescentes, sino la actitud que los papás o las personas que estamos a su alrededor tenemos con respecto a la adolescencia. Porque hemos crecido tan endo escuchando ideas como, «No, pues es que hijos chicos, problemas chicos, pero agárrate la que te viene. Hijos grandes, problemas grandes.» Y ya desde ahí empezamos a construir una predisposición. Una predisposición es una actitud. Si yo tengo una predisposición, por ejemplo, a lo que dice la presidenta de México y entonces cada vez que ella ya sale, yo ya tengo una predisposición a decir, «Ay, lo que va a decir me va a enfurecer.» Yo ya no sé si tal vez la presidenta está ofreciendo una solución a una problemática, si nos está anunciando un cambio que va a ser muy bueno para el país. Como yo ya tengo una predisposición, yo ya lo voy a escuchar desde no y la desacredito y la critico y lo que sea. Y lo mismo nos ocurre con la adolescencia. Si yo ya tengo esa predisposición, la predisposición es como una postura, la actitud, pues con esa actitud voy a responder. Yo ya no sé si mi hijo me está diciendo algo desde el corazón, si me está compartiendo algo donde está realmente estableciendo un criterio que tal vez pues es diferente de lo que yo pienso, pero igual y tiene razón. igual y lo escucho diciendo, «Oye, tiene razón, pero como yo ya estoy predispuesto, ay, este ya viene con sus tonterías, ya viene a criticarme, ya viene a retarme, ya esa actitud hace que no necesariamente nos estemos vinculando con lo que realmente son nuestros adolescentes. ¿Okay? Ahora, a ver, el tu libro tiene un nombre que me encanta, poderosísimo, repetir o reparar. ¿Cómo sabes que estás repitiendo y no reparando? Mm, esto es muy importante. La repetición siempre se va a sentir porque, a ver, repetimos para bien y para mal, o sea, nosotros es importante primero también aclarar y una de las cosas que necesitamos empezar por decir es todos repetimos. Porque yo sé que aquí muchos dirán, «Oye, pero yo repito, o sea, no se me hace como que yo siento que de verdad educo a mis hijos de una manera muy diferente a como lo hicieron mis papás conmigo. O sea, siento que nada que ver.» Sin embargo, la repetición es una condición fundamental de nuestro inconsciente. O sea, la pregunta no debe de ser, ¿será que repito? Porque está dada de facto. Todos repetimos. La pregunta es, ¿qué estoy repitiendo? ¿Cuál es el impacto que está teniendo en la relación con mis hijos? y cómo lo puedo reparar. Y tú me preguntas, ¿cómo puedo saber si estoy repitiendo un patrón del cual además no me doy cuenta? Porque justamente la repetición es totalmente inconsciente, no es algo de lo cual estamos conscientes, es lo más complicado de todo. Muchas veces sí podemos empezar a advertir, híjole, esto viene de mi historia, pero insisto, hay veces en que puedo decir, estoy repitiendo, pero para bien. Esto es algo que mis papás me enseñaron y me gustó muchísimo, que tal vez fueron papás que siempre me miraron, me escucharon, me comprendieron, que había un diálogo y me doy cuenta que eso mismo estoy haciendo hoy en la relación con mis hijos. Okay, pero porque de un lugar lo aprendí, ¿no? Y entonces me doy cuenta y lo estoy repitiendo. Pero hay otros momentitos en los que me puedo dar, por ejemplo, cuenta de que tal vez en el pasado yo dije, híjole, esto del control a mí no me gusta. Esto de que mis papás estuvieran encima de mí todo el tiempo, híjole, qué duro, qué molesto, yo no voy a ser un controlador. Y nos lo prometemos casi como que lo voy a firmar, pero a la vuelta de la esquina pasan los años y de pronto nos vemos siendo unos perfectos controladores de las vidas de nuestros hijos. Pero, ¿con quién vas? Pero, ¿a dónde vas? ¿Pero por qué te llevas con este? Pero es que tú deberías de tener estos otros amigos. Una agenda espectacular de controladores profesionales, a pesar de que dijimos, «Yo con esa piedra no voy a repetir.» Pero muchas veces estos patrones de repetición tienen que ver con una herida del pasado. La razón de por qué repetimos es porque se formó ahí una herida. Repetimos lo que nos cayó mal. Es como cuando repito la comida, cuando me echo unos tacos así superpesados y entonces empezamos a crear, o sea, empezamos a rejurgitar literalmente el organismo, como que repites la comida, lo que está haciendo el el organismo es tratar como de pues volver a sentar el estómago, ¿no? Y empezamos a repetir. Es lo mismo que hace el inconsciente cuando algo le cayó mal en el pasado, empieza a repetir para poder solucionar el malestar. Entonces, en realidad yo repito el control por razones diferentes. No me doy cuenta, pero lo estoy haciendo con la esperanza uno de que esta vez sí salga bien. No es que tal vez este en la etapa con mis papás eso no necesariamente funcionó nuestra relación, pero yo aquí voy a controlar, pero se va a sentir distinto, o sea, mis hijos lo van a vivir de una manera diferente. Dos, repetimos porque preferimos no recordar. Por el otro lado, es es muy doloroso darme cuenta que tal vez me parezco mucho a mi mamá o a mi papá y que estoy repitiendo los mismos patrones de comportamiento y entonces, ¿qué hago? Mejor como que no recuerdo eso que me pasó y sin darme cuenta termino pues también de alguna manera repitiendo, sin darme cuenta. A ver, ¿te puedo interrumpir ahí? repites porque es lo conocido, aunque te duela, en lugar de repararlo, porque te sientes como a lo mejor en esta zona de conforto. Sí, absolutamente. Y esa es justamente la tercer razón. Repetimos porque es lo familiar, porque es lo que conocemos, porque no sabemos hacerlo de una manera diferente. Si a mí me educaron a través del control, no tengo idea cómo hacerlo sin el control. O sea, es como muy raro la reparación. Rosana siempre nos va a saber muy raro. Es como de pronto llegaba un paciente y me decía, «Híjole, es que como que ya no quiero repetir el mismo tipo de parejas, ¿no? Entonces estoy buscando como la reparación porque me ha ido muy mal con este tipo de parejas. Pero la reparación es como esta sensación, me decía el paciente, pues es que híjole, esta sabe mucho a menta, ¿no? O sea, ahí está la reparación, pero me sabe rara. O sea, no es un sabor familiar, no es un sabor que yo conozco. Y eso nos va a pasar con la reparación. ¿Cómo? ¿Dejar de controlar? Preguntarle a mis hijos, ¿ustedes qué quieren? ¿Cómo negociamos? De alguna manera soltarme angustia, que algo salga mal, soltar mi perfeccionismo, mi propia autoexigencia, atreverme a equivocarme como mamá o como papá. ¿De qué me hablas? Pero ahí está la reparación. tal vez en el aceptar que no siempre vamos a ser perfectos. Ahora, entonces esta reparación implica una confrontación. Absolut, o sea, tengo que tener yo un trabajo y de algún modo un desgarramiento interno de conocer eh que sí, que no y repararlo, tener esa fuerza muchas veces para lograr dar el paso, porque implica justo esto que dices, para poder transformar nuestras heridas, primero tenemos que estar dispuestos a sentirlas. Es muy difícil poder transformar transformar algo que no conozco, que no he terminado de sentir, que no sé exactamente cómo es. Y sí, efectivamente, eso es lo que nos confronta muchas veces, porque como que vamos pasando por diferentes etapas, ¿no? Y cuando nos enfrentamos a nuestros procesos de repetición, lo primero que hacemos es negar. Y es lo que llegan los consultor las personas al consultorio a decirme, «No, yo parecerme a mi mamá estás loca.» O sea, lo hago totalmente diferente para nada, ¿no? Y aparece ahí la negación, pero eventualmente pues vamos procesando esto y se va viviendo como una etapa de duelo porque es caer de pronto en la sensación tal vez de la ira, ¿no?, que es la siguiente etapa de un duelo natural. ¿Qué? No lo puedo creer. No puedo creer que lo estoy haciendo igual que a mi mamá. O sea, es que en qué momento o sea, no me daba cuenta porque mi mamá, pues claro, controlaba pues siendo muy directiva y yo ya me estoy dando cuenta que controlo de una manera muy diferente porque además esto es bien importante, la reparación muchas veces nos vamos con la finta de que es de forma, pero es de fondo, porque de pronto las personas dicen, «Yo yo no me daba cuenta que controlaba, pero era una mamá muy sobreprotectora. Yo no le decía qué hacer ni cómo hacerlo, ni sube, ni baja, ni llévate con este ni con el otro, pero todo el tiempo le estoy resolviendo. Y los papás sobreprotectores, en el fondo son papás super controladores, ¿no? O sea, en el fondo de lo que tienen miedo es de equivocarse. Son papás muy perfeccionistas y prefieren terminar haciéndole las cosas a sus hijos, resolviéndoles la vida, porque si no la sensación es yo fallé como mamá. O sea, yo no sé, mi hijito, si tú la vas a regar o no, pero yo no voy a permitir enfrentarme a la sensación de que yo me haya equivocado como mamá. Entonces, te sobreprotejo porque en el fondo estoy previendo eso. Pero entonces aparece esa ira, ¿no? Como de no puedo darme cuenta que, claro, con la sobreprotección estoy haciendo lo mismo, la misma burra revolcada, pero de forma diferente. Pero en el fondo, en el fondo es lo mismo, es control. Es perfeccionismo, es pánico a equivocarme, a fallar como mamá, formas distintas. Haz esto, sube, baja, forma diferente. Ay, mi vida, este, voy a hablar con con la mamá de tu amiguito. Como que no te invitó, mi vida. Ahorita yo veo que te que te inviten, que te incluyan en la fiesta del viernes, ¿no? Y entonces y le resuelvo. No es el sube, baja, deja llorar. No es est, pero en el fondo estamos viendo el mismo patrón de repetición. Esto es muy importante siempre mirar y atender a los fondos de nuestras repeticiones porque nos vamos con la finta de las formas y ahí es donde nos confundimos muchísimo y es cuando llegamos al consultor consultorio diciendo cero me parezco. Mira, mi mamá me gritaba todo el día, andaba atrás de mí con la chancla el esto. Yo no. Mm. Pero vamos a ver de fondo por qué haces lo que haces. No, bueno, me encanta. Te estoy escuchando, te voy a decir, es que eh Daniela, mi hija, hace poquito me dijo, «Mamá, es que te voy a decir algo, estoy traumada.» Digo, «¿Por qué gorda?» Dijo, «Es que me estoy convirtiendo en lo que juré destruir.» Claro. O sea, y porque Mariano mi hijo, de verdad, lo que tú dices que no nos damos cuenta, Mariano mi hijo el grande dice, «Es que yo a mi mamá, me dijo, la nona, tú y Daniela, o sea, son copy paste.» Y entonces ahorita que lo dices y que, o sea, me estás dando como todo este panorama, claro, nos da, o sea, repetimos sin darnos cuenta y claro, no, yo no soy como mi mamá. Claro, y el de afuera te está viendo este patrón de fondo que tú estás repitiendo, pero para ti es diferente. Y además ahí es donde llega la tercera etapa. Rosana, cuando llegamos a ese punto, esto que acabas de decir es super importante porque en la tercera etapa del duelo, pues entramos en una etapa como de depresión, ¿no? Nos deprimimos y nos deprimimos porque, ¿cómo es posible que todos se hayan dado cuenta de algo que yo no me había dado cuenta? O sea, esas epifanías que caen, esos insights que de pronto tenemos en terapia, cuando nos cae el 20, ese momento que decimos, ese wow moment, ¿no? O sea, es como ah moment, o sea, como de no lo había visto. un momento en el fondo bien doloroso también, porque es el momento en el que te das cuenta de algo que muy probablemente todos a tu alrededor ya habían visto en ti y tú eres la última en enterarte porque así somos, estamos en el inmersos en el problema, pero no nada más esta situación. Es es decir, pero además, ¿desde hace cuánto? ¿Cómo es posible? Y por supuesto que se abre el camino a la reparación, pero siempre previo a la reparación hay un momento de mucha confrontación o incomodidad, porque es el paso donde tenemos que aceptar. Sí, sí, sí, sí lo vengo haciendo como mi mamá, sí lo he hecho así, a pesar de que dije yo con esa piedra no vuelvo a tropezar, a pesar de que me di cuenta del daño que me hizo a mí en mi vínculo con mi mamá. Sí, y lo acepto porque probablemente no encuentro formas distintas de hacerlo. Y esto también va planteando que reparar no es hacerlo perfecto, reparar es hacerlo diferente y ahí es donde pues nos da miedo y puede haber pequeñas reparaciones, o sea, que digas a ver o o cómo empiezo a reparar, o sea, por dónde debo de empezar. Esto que dices es así porque por supuesto que tiene que haber pequeños pasitos como estos baby steps poquitos que vamos ensayando, que nos vamos dando la oportunidad de que siento y de pronto va a haber evoluciones, pero también puede haber involuciones, o sea, dos pasitos para adelante, pero uno para atrás. Y ahí es bien importante saber que eso va a pasar, porque cuando los seres humanos nos proponemos cambiar, nunca tomamos en cuenta que va a haber recaídas. Siempre creemos que, ah, ya cambié. Hoy le dije a mi hija, «Mi vida, tú resuelve tus cosas. Este, aquí estoy para escucharte. ¿Tú qué quieres hacer? Platícame tú cómo lo ves.» O sea, como que me aguanté el decirle cómo hacerlo, cómo irlo a resolver. Me lo aguanté. Y entonces dices, «Uf, ya, palomita, ya cambié.» No, okay. Pero ese fue un momento, pero tal vez a los dos días viene y te cuenta que cortó con el novio un y la ves muy mal y a ver, no, mi amor, no, no, no, no. Lo que vas a hacer es lo siguiente. Necesitas ponerte a pensar exactamente qué quieres en esta relación. Vas a ir a hablar y ahí está. Y entonces dices, «Ah, ya volví a caer. Yo ya había cambiado.» Y cuando no tomamos en cuenta que vamos a tener esas recaídas, necesitamos entonces incorporarlo. Porque cuidado con los espejos o los espejismos de la permanencia. El cambio no es permanente y esto es algo que necesitamos incorporar los seres humanos, ¿no? Es ya cambié y y es para siempre. El proceso de mantenimiento es lo más complicado, es como las dietas, ¿no? O sea, ahí van las personas y y recuperan su peso y pero ahora mantente. Ay, eso es lo más complicado dentro del proceso. Mantener nuestros procesos de cambio es lo mismo. Y necesitamos saber que tal vez tuve una recaída, pero ya me di cuenta y tengo las herramientas para poderme levantar y para volver a restablecer y volver a ponerme en el camino la reparación. Entonces, esto que dices, claro, la reparación van a ser pasitos chiquitos, a veces para atrás, a veces para adelante, pero eventualmente vamos construyendo un patrón diferente para relacionarnos con las personas que amamos. O sea, tu patrón, claro, a partir de tu autenticidad. Y esto que estás diciendo es así, tal cual, porque no estamos siendo auténticos cuando estamos repitiendo patrones. Hay una parte de nosotros que es, este, soy yo o es mi mamá. Esto es lo que quería mi mamá. Estos son los miedos de mi mamá. Estas eran las ideas de mi mamá, de mi abuela, porque además se van repitiendo de generación en generación, como bien lo dices, ¿no? No, me encanta. Y a ver, ¿y por qué entonces la adolescencia y así arrancamos este el episodio, se vuelve esta etapa tan importante? ¿Por qué esa etapa podemos eh cambiar estos estos patrones? Porque en la adolescencia, además, el cerebro está de alguna manera sufriendo cambios importantes en el adolescente. la corteza prefrontal, que es toda la encargada de que el adolescente establezca su criterio, la memoria, la toma de decisiones, el que pueda autorregularse emocionalmente, todo eso se está, vamos a decir, como remodelando, por lo tanto, admite nueva información y eso hace que sea el momento ideal. No es que los adolescentes van a tener amnesia, esto es importante, es como, ay, entonces está remodelando, entonces ya se van a borrar los archivos del pasado. No, no, no, para nada. Por supuesto que van a formar parte de esta de este nuevo cerebro, pero al mismo tiempo también está abierto a decir, «Es el momento de recibir nueva información y de que los papás puedan hacer conciencia de todos esos patrones de repetición que tal vez vinieron arrastrando desde su infancia y aprovechar la adolescencia, por eso decimos, como una gran segunda oportunidad para decir, reparemos el vínculo.» Okay. Ahora, a ver, y hay adolescentes que están viviendo mucha ansiedad, a lo mejor mucha confusión, el querer pertenecer, ellos de esa edad ya pueden empezar a reparar esos patrones aquí con esto que tú dices, el sentido de pertenencia, que es fundamental porque es el valor, vamos a decir, como número uno en la etapa de la adolescencia. Los adolescentes efectivamente lo que necesitan es sentirse pertenecientes. ¿Qué es el sentido de pertenencia? El sentido de pertenencia es la experiencia de sentir que puedo ser yo, auténticamente yo, que puedo decir lo que pienso, lo que siento y que decirlo o hacerlo no es peligroso, que voy a ser aceptado. No es peligroso porque no me van a rechazar. Tengo la sensación de que esto no me pone en peligro de ser segmentado, abandonado o de que me dejen de amar. Pero ese sentido de pertenencia, Rosana, empieza por la familia. Esto es muy importante. Un adolescente que experimentó sentido de pertenencia en su familia, entonces va a tener mucho más capacidad en el grupo de amigos, de pares, de reconocer quiénes son las personas de las cuales se quiere rodear. ¿Por qué? Porque yo ya sé lo que se siente sentirse perteneciente. O sea, es una experiencia conocida para mí y entonces puedo fácilmente pues reproducirla. Aquí es bien importante poderle explicar a los chavos la diferencia entre encajar y sentirme perteneciente. Son dos cosas distintos. Encajar es todo lo contrario al sentido de pertenencia. es quién tengo que dejar de ser, qué tengo que dejar de decir y de hacer para ser aceptado. O sea, es cómo tengo que bloquear mi ser, cómo lo tengo que eh segmentar, cómo lo o sea, reprimir, pues, ¿no? Al contrario, el sentido de pertenencia que es puedo ser yo. Pero hay muchas familias, Rosana, en donde muchas veces los chavos aprendieron a encajar y no necesariamente a pertenecer. Muchas familias en donde, híjole, para formar parte de esta familia yo no puedo decir lo que siento, porque cada vez que lloro mi papá me sale con ya o puede ser, estás de llorón o de llorona, todo lo quieres resolver con lágrimas. Y entonces cada vez que escucho eso, lo que yo estoy escuchando es, si tú lloras, te voy a dejar de amar, vas a dejar de formar parte de esto. Pues sabes qué, me trago mis lágrimas, me trago mis emociones y qué hago? Empiezo a encajar. ¿Quién tengo que dejar de ser? Tengo que dejar de ser la persona que siente. Tengo que dejar de ser la persona que expresa sus emociones con libertad. No, pues te estás desgarrando internamente, te estás rompiendo. Pero esto sucede muchísimo y con mucho más frecuencia de lo que nos imaginamos. Incluso la manera de saberlo es en el futuro, cuando nos enfrentamos a personas, vamos a decir, que tienen la capacidad de expresar sus emociones sensibles, no chocan porque lo que te checa te choca. Me choca que sea así. ¿Por qué todo el tiempo esta persona llora? ¿Por qué expresa así sus emociones? Y lo que ocurre es que en ese momento nos damos cuenta de que en el pasado tuvimos que hacer chiquita una parte nuestra, que no nos dábamos permiso de expresar, que no nos dábamos permiso de mostrar porque corríamos amenaza de ser rechazados. Y qué ocurre, que cuando en el futuro, en mi presente, en lo que está ocurriendo, me doy cuenta que alguien sí se da ese permiso de ser y de expresar, me superpatea. ¿Cómo? ¿Por qué si te das ese chance? Mi inconsciente lo que está diciendo es, yo lo tuve que ocultar, yo tuve que esconderlo. Yo no pude mostrarme cómo era, ni podía hablar de lo que sentía o de lo que pensaba. Y tú, ¿con qué pantalones estás expresando tu autenticidad? Eso sería el diálogo de mi inconsciente, pues no es que me dé cuenta, pero en mi consciente es qué molesta es esta persona, cómo me cae mal. Todo el tiempo llora, cada vez que alguien nos caiga mal, cada vez que algo nos patee del otro, es muy buen momento para preguntarnos, ¿esa persona se está dando un permiso de hacer o de ser alguien que yo en el pasado tuve que reprimir, que tuve que esconder? Porque nos vamos a sorprender de las respuestas que vamos a encontrar cuando nos hagamos esa pregunta. Ahora y como papás, ¿cómo qué tenemos que hacer para no reprimir? Porque pobres chavos, o sea, los vamos haciendo que encajen cuando no son y ellos van guardando su ser, lo van escondiendo, le van poniendo capas y lo van escondiendo. Y a lo mejor por eso también de repente tienen tanta confusión de quién soy, no no me identifico, no soy no no sé qué onda conmigo. El valor número uno que los papás deberíamos de practicar con nosotros mismos, Rosana, es la compasión. La compasión implica darme el permiso de sentir emociones. Si yo no soy compasivo conmigo, si yo no me permito yo misma vivir la tristeza, cuando yo vea a mi hijo triste o a mi hija triste, inmediatamente los voy a querer sacar de ahí, porque es algo que yo no me permito. Es algo que a mí me da muchísimo miedo sentir. Oye, no, no vaya a acabar deprimido, no vaya a acabar mal, no sabes qué, ya, mi vida, no, no, nada de llorar. ¿Sabes qué? La vida no sirve para eso. Vámonos a hacer cosas. Es más, vamos a comer un pastel, una galleta, las penas con pan son menos y total que así nos van educando. Pero si los papás pudiéramos practicar con nosotros mismos la compasión, el darme permiso de sentir tristeza, envidia, gestionar mi emoción, frustración en tantas emociones, pues si yo me doy chance, claro que le voy a dar permiso a mi hijo de experimentarlas y no nada más eso, lo voy a saber acompañar. porque ya sé lo que se siente la tristeza. Y ahí también tu vínculo, claro, se va a hacer mucho más fuerte. Absolutamente, porque en ese momento es cuando me doy cuenta que yo ya sé lo que se siente la tristeza y sé que cuando uno se siente triste, la tristeza pide conexión, la tristeza pide un abrazo, la tristeza pide sentirnos emocionalmente contenidos. Yo ya lo sé. Entonces, cuando te veo triste, te lo puedo dar. Sé que no necesitas que te resuelva. Sé que no necesitas que te dé de comer o que te compre cosas para quitarte esa emoción, porque muchas veces los papás creemos que entonces ya lo distraigo y se le olvida la emoción, ¿no? No se le olvida. O sea, lo único que estamos provocando es dejarlo solo con esa emoción porque esa emoción no se le va a quitar, ahí se va a quedar. Y la olla express va a explotar en algún momento. Va a explotar en algún momento, pero además esa es una de las razones por las cuales se forman los traumas. Rosá, el trauma se forma a consecuencia de dos golpes. El primer golpe es lo inesperado. Yo no esperaba tal vez que eh me regañaran de esa manera o que se me rompiera, no sé, la mochila en la escuela enfrente de todos y todo el mundo se riera de mí. Cosas que nos ocurren que no esperábamos. Es el primer golpe, pero el segundo golpe es habernos quedado solos sintiendo lo que estábamos sintiendo a consecuencia del primer golpe. Porque el primer golpe es lo inesperado, pero el segundo golpe tal vez es la sensación de la humillación, porque todo el mundo se burló de mí en la escuela y se rió de mí de lo que estaba pasando. Porque esa es la humillación, es la sensación de sentir que yo no merecía ese trato. Yo no merecía que todos se burlaran de mí, que me Pero total que llego con mi mamá y le cuento esto. Dice, «Ay, mi vida, de veras, tanto drama por la mochila. Es en serio. Ay, ya, mi vida, cósela. A ver qué le haces. Tienes 20 en tu cuarto. Yo no sé, no, de veras, mi amor, es en serio. Deberías de estar tan agradecida por lo que tienes en la vida y haciendo tanto drama por una mochila. Y eso hace y entonces la niña de pronto dice, «O sea, soy rara porque me sentí humillada, soy rara porque estoy, soy rara porque en este momento no quiero agradecer todo lo que tengo en la vida, quiero llorar porque se me rompió la mochila y todo mundo se rió de mí en la clase.» Y esa sensación de soy raro es lo que nos empieza a aislar. Es la sensación de sentir que podemos estar muy acompañados, muy rodeados de personas y sin embargo sentirnos muy solos emocionalmente porque no encontramos quién nos acompañe en nuestras emociones. Esa es la gran chamba de los papás en esta etapa de la adolescencia, Rosana, saber acompañar emocionalmente a sus hijos, porque eso hace toda la diferencia hacia la vida adulta. Aprender a ser para nuestros hijos esta figura que además le dedico mucho en el libro, un 911 emocional. Okay. Este 911 emocional es esa base segura que te va a contener. Es uno de esos vínculos. A ver, 911 emocionales en nuestra vida, Rosana, tenemos no más de cinco personas en nuestra, o sea, si tú las piensas, esa persona a la cual tú recurrirías en un momento de crisis, porque esto es bien importante, se forma en el momento de la crisis, es muy diferente a un vínculo afectivo. Si tú hoy de pronto eh quieres organizar la boda de tu hija, igual invitas muchísimas personas, ¿no? Y entonces vas a tener muchísimos invitados, vínculos afectivos, pero 911 emocionales, a esas personas que tú dices, «Tengo una mega bronca, ¿con quién lo abro? O estoy superenfermo a quién le hablo para que me lleve al hospital, se me ponchó la llanta en medio de la carretera, ¿quién me auxilia?» Son poquititas, no se cuentan con más de los dedos de una sola mano. O sea, hay personas que a veces me dicen, «No encuentro ni una.» Y muchas veces, incluso los psicoterapeutas, nos volvemos esas figuras 911 emocionales, esa persona que te va a hablar en un momento de crisis. Pero insisto, muchas veces los papás creemos que esas figuras 911 emocionales se forman en el momento en el que estamos en la vacación, padrísimo, divertidos, este, chapoteando en el mar. Ahí se está formando un vínculo afectivo que es increíble, que también es muy reparador, pero el vínculo 911 emocional se va a formar en el momento en el que tu hijo está en crisis y lo supiste contener, regular, acompañar en ese momento. Pues es bien importante que los papás podamos siempre transmitirle a nuestros hijos este mensaje. Mi vida, todos nos equivocamos, pero acercarte a mí en el momento en el que te equivocaste nunca va a ser un error. Pero además yo te prometo, porque es una promesa, que nunca te vas a arrepentir de haberlo hecho. Y necesitamos ser supercongruentes con nuestra promesa, hacer que nuestros hijos no se arrepientan en el momento en el que se acercaron a pedirnos ayuda en medio de su crisis. Porque muchas veces de pronto los chavos pueden decir, «¿Para qué le dije? ¿Para qué?» se sienten juzgados, no, no comprendidos, no comprendidos, pero además regañados, pero además todo salió peor, pero además me quedé con estas emociones peor porque yo ya me sentía muy mal y ahora ya me hicieron sentir requete mal y total que entonces no estamos acompañando a nuestros hijos emocionalmente, ¿no? Y además, por ejemplo, el caso de la mochila, ¿no? Se le rompió en la escuela y en la escuela contuvo, ya no di llega a la casa, vuelve a contener. Entonces ese 911 no lo tuvo ni en la escuela ni en la casa. Entonces, ¿en qué espacio puede ella llorar, ella decir que ya no puede más? Y ese 911 emocional en nuestras vidas siempre es fundamental, Rosana. O sea, queremos, esa es la gran herencia que les vamos a dejar a nuestros hijos, porque al final esas vocecitas que nos hablan internamente todo el tiempo, lo hiciste bien, lo hiciste mal, este, ¿es tu mamá o tu papá hablándote internamente? Y lo que queremos es dejarles buenas voces a nuestros hijos hablándose internamente, porque el día de mañana tal vez no vas a estar para poderle resolver una crisis a tu hijo, pero va a aparecer tu voz interna, que lo vas a ver tranquilizar, que le vas a ver dar las palabras adecuadas en el momento en el que las necesita. Esa es la verdadera herencia que les vamos a dejar a nuestros chavos. A ver, tienes toda la razón. Mira, te comenté que estaba tomando un doctorado y una de mis compañeras de doctorado, una señora de 70 y tantos años confesó esto. Es que a la fecha sigo oyendo la voz de mi mamá que me dice, «Está mal, tiene 70 y tantos años y no se ha podido librar de eso.» Entonces, ve qué importante lo que estás diciendo. O sea, papás, despertemos, papás, o sea, no hagamos esto y papás apoyemos y acompañemos a nuestros chavos. Mm. y te creo lo que estás diciendo, pero esto creo que es también muy necesario que comprendamos que como papás siempre nos vamos a equivocar, Rosana, porque no queremos que a partir de esta conversación se genere un sentido culpabilidad de chin, ¿no? O sea, ya la voz que le dejé a mi hijo, ya no siempre hay posibilidad de reparación, siempre. Insisto, la reparación no es hacerlo perfecto, es hacerlo diferente. Y tantos casos que se resolverían en consulta, porque lo veo todo el tiempo con mis pacientes, con una frase, con un abrazo, con una palabra, con un gesto, con esta sensación de aquí estoy para ti, de te creo lo que estás sintiendo, cuéntame más de lo que estás sintiendo. Y hay algo que yo pueda hacer para que tú te sientas mejor en este momento. Estas son como las tres cosas que necesitamos saber como papás que a nuestros hijos les pueden cambiar la vida y nunca es tarde para ponerlas en práctica. Ay, no. Bueno, me encanta, estoy fascinada y aquí ya me hición señas y me impactó que ya está acabando eh nuestro tiempo. Entonces, pasamos a una sesión de preguntas rápidas, lo primero que te venga a la mente. Okay, vamos a ver si a ver si se puede fácil. Está fácil. una emoción que te visita seguido. Mm. La paz. Ay, qué bonito. Así que eso. Queremos alcanzar todos y ahí a la visita seguido. Algo que hoy ya no repites. Mm. Creo que el estar mediando en la relación entre mis hijos. Okay. Una creencia que soltaste. M. La creencia de que cuando nos decimos las cosas es verdad, o sea, empezar a sospechar un poquito de las cosas que nos contamos. Okay, está padre. Un hábito que te ayuda a repararte. M, pues yo creo que la conexión emocional con las personas todo el tiempo. Okay. Una palabra que te sostiene. Paciencia. Un miedo que hoy entiendes mejor, el miedo equivocarme. Un momento incómodo que fue clave en tu vida. ¡Uf! No, muchísimos. O sea, uno, un momento incómodo. Híjole. Em, no sé, creo que alguno reciente podría pensar con alguno de mis hijos, ¿no? Haciéndome tal vez ver algún patrón de repetición. Okay. Algo que aprendiste escuchando a otros. Todo lo que he aprendido, lo he aprendido escuchando otros, yo creo. Ay, qué bonito. Una reparación pendiente tienes si la quieres compartir. Siempre hay algo que reparar. Okay. Un lugar donde te sientas en calma con mi familia. Una decisión valiente. Sí, muchas creo que han sido valientes. Pues no sé, yo creo que desde la valentía de aventarnos a ser papás es una decisión muy valiente, muy valiente. Un acto de amor propio, escucharme, escuchar mi intuición y comprometerme con ella. Ah, qué bonito. Algo que te hubiera gustado saber antes pues creo que justamente que nos vamos a seguir equivocando, que no podemos ser perfectos. que tal vez esto en la adolescencia a veces sirve mucho que nos lo estuvieran recordando, ¿no? Me encantó reparar para ti es hacerlo diferente, no hacerlo perfecto. Ay, me encanta. Pues hemos terminado el episodio del día de hoy. Natalia, gracias por recordarnos eh en conciencia, ¿sí? Lo importante que es repetir, repetir y no reparar. eh algo que nos quieras compartir, algo que quieras decir como mensaje final, ¿no? Al contrario, Rosana, muchísimas gracias por permitirme este espacio. Quiero invitarlos también a que pues me sigan en redes @dra-naturis. También platicaba contigo que recientemente estrené un podcast que se llama repetir o reparar pequeñas capsulitas en donde los invito a reflexionar sobre diferentes conductas que podemos ir transitando hacia la reparación. Pues muchísimas gracias, síganla todos porque es un encanto y eh pues gracias por mostrarnos una forma diferente de vivir que siempre hay esta parte. Gracias y un beso a todos y nos vemos en el siguiente episodio de Charlando y Conectando. [música]